miércoles, 1 de julio de 2026

¡No gracias!

 Qué hermosa filosofía de vida es poder decir: “No, gracias” a aquello que no quieres que forme parte de ti, ya sea un pensamiento, una emoción o el impulso hacia una acción.

A lo largo de nuestra vida, vamos formando una percepción de lo que somos y de lo que podemos llegar a Ser. Para lograrlo, sí o sí tenemos que atravesar un proceso de aprendizaje, trabajo y constancia. Y es justo durante estos momentos cuando, por principio de los opuestos, aparecen muchas “tentaciones” que buscan dificultar nuestro camino hacia ese ideal.

Lo interesante es que estas resistencias no siempre se presentan como algo negativo. Muchas veces se disfrazan de comodidades, placeres, recuerdos o viejas conductas. Inundan nuestra mente, nublan nuestro pensamiento y alteran nuestra química corporal, haciendo que nuestro juicio y nuestra fuerza de voluntad se tambaleen.

Y es precisamente en ese momento decisivo, entre avanzar o retroceder, donde la filosofía del “No, gracias” puede marcar la diferencia: cerrar la puerta de golpe y cortar con esas tentaciones, o abrirla y ceder ante su encanto.

No, gracias parece una simple expresión, pero en realidad es una técnica poderosa. Bien aplicada, te permite ser selectivo con aquello que dejas entrar a tu mente. Esto me recuerda una frase que conocí hace décadas, atribuida a Mahatma Gandhi, y que hoy quiero compartir contigo:

Cuida tus pensamientos, porque se volverán actos.
Cuida tus actos, porque se volverán costumbres.
Cuida tus costumbres, porque formarán tu carácter.
Cuida tu carácter, porque se volverá tu personalidad.
Y tu personalidad desarrollará tu destino.

Sin embargo, prestar atención a lo que pensamos, así como intentar cancelar ciertos pensamientos, emociones e impulsos, puede ser sumamente difícil y desgastante. Esto se vuelve aún más complejo cuando no sabemos cómo gestionarlos.

Desde mi experiencia, puedo decirte que resistirse no siempre es la mejor opción, ya que, energéticamente, terminas alimentando ese pensamiento o esa emoción. A veces, lo más efectivo es observarlo durante unos segundos, reconocerlo sin pelear con él y después decirle con firmeza: No, gracias”. Inmediatamente después, da un paso hacia la acción contraria.

Por ejemplo, supongamos que te has propuesto crear el hábito del ejercicio diario. Llevas cinco días cumpliendo, pero al sexto aparece el pensamiento: “Hoy vienes muy cansado(a), mañana lo haces; mejor duerme”.

En ese momento, observa y siente durante unos 10 segundos. Después di con claridad: ¡No, gracias!”. Ponte de pie, alístate y comienza a hacer ejercicio.

Porque muchas veces el cambio no ocurre cuando desaparece la tentación, sino cuando aprendemos a no obedecerla observando y pasando a la acción.

Aplica esto y cuéntame cómo te va…


Con afecto 

 

Servir para Trascender

Miguel Vladimir Rodriguez Aguirre


No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡No gracias!

 Qué hermosa filosofía de vida es poder decir: “No, gracias” a aquello que no quieres que forme parte de ti, ya sea un pensamiento, una emoc...