martes, 24 de marzo de 2026

"Más información, menos transformación: la gran paradoja ”

El roble duerme en la bellota, el abeto gigante descansa en su pequeña semilla, el ave espera en el huevo y Dios espera su desenvolvimiento en el ser humano.

 Joseph Murphy

Es abrumadora la cantidad de información que recibimos diariamente. En este mundo “de la información y el conocimiento”, la tecnología —impulsada por las redes sociales y la inteligencia artificial— evoluciona constantemente para proporcionarnos respuestas inmediatas, en cuestión de segundos y con un mínimo esfuerzo.

Si hace tres décadas nos hubieran descrito la realidad que hoy vivimos, probablemente habríamos afirmado con esperanza que estaríamos en una sociedad más justa y equitativa; con mayor calidad de vida; con un desarrollo y difusión más amplios de la ciencia, la cultura y las artes; con menos desigualdad social y económica; sin racismo y con menores índices de violencia.

Sin embargo, la realidad dista mucho de esa proyección. Esto evidencia la caída de un viejo paradigma: “a mayor información y conocimiento, mayor evolución humana y social”. Hoy sabemos que no es así.

Entonces, ¿por qué?

Resulta paradójico que, mientras más conocemos sobre un problema —sus causas, los factores que influyen en su desarrollo y sus consecuencias—, esto no garantice necesariamente su disminución o transformación. Ejemplos sobran, especialmente en problemáticas sociales específicas: violencia, drogadicción, suicidio, depresión, entre otras.

Hoy, en un mundo globalizado y saturado de información, enfrentamos mayores niveles de depresión, indiferencia y mediocridad. Lo observo y lo vivo desde las aulas de educación superior: cada vez llegan más jóvenes sin motivación, sin metas claras, sin un auténtico deseo de superarse a sí mismos y de transformar su entorno. Jóvenes sin una brújula confiable que les dé sentido y dirección a sus vidas, cuyo horizonte parece centrarse en placeres pequeños, vanales, temporales y sin esfuerzo.

De nuevo surge la pregunta: ¿por qué?

Probablemente hemos errado en el sentido que le hemos dado a la construcción del conocimiento. Nos hemos centrado exclusivamente en el razonamiento consciente —voluble, limitado y temporal—, olvidando casi por completo la mente subconsciente, así como el poder e influencia que ejerce sobre nuestra personalidad y nuestra percepción de la realidad.

Joseph Murphy, en su libro El poder de la mente subconsciente (1963), señalaba:

“Millones de personas sufren del gran engaño, porque se encuentran auto-hipnotizadas por un cúmulo de ideas, creencias, opiniones falsas y sensaciones. Su mente subconsciente actúa como una ley para manifestar e ilustrar los patrones acumulados que moran en su mente más profunda”.

Y también afirmaba:

“Llene su mente con verdades y hechos, y ocúpela con conceptos de amor, paz, dicha, belleza, integridad y sabiduría, y permita que su río de paz y su océano infinito de amor fluyan en su mente subconsciente y consciente”.

Por otro lado, diversos estudios científicos han intentado estimar la cantidad de información que procesa el cerebro humano. Aunque no existe un consenso exacto en las cifras, sí hay acuerdo en que la mayor parte de esta información se procesa a nivel subconsciente —de acuerdo con nuestros paradigmas de pensamiento y sistemas de creencias—, mientras que solo una pequeña fracción es procesada de manera consciente a través del razonamiento.

Asimismo, psicólogos como Freud y Jung fundamentaron gran parte de sus teorías en la mente subconsciente como eje central de la psique humana. De igual manera, diversas tradiciones místicas han destacado, a lo largo de los siglos, la importancia de explorar y liberar el poder del subconsciente para generar cambios profundos en la percepción y la calidad de vida.

Tal vez, entonces, el verdadero desarrollo del ser humano no radica únicamente en el acceso a más información o en el fortalecimiento del pensamiento racional, sino en el entendimiento de las profundidades inexploradas de la mente subconsciente.

Para cerrar, te dejo algunas preguntas para reflexionar:

  • ¿De qué te sirve lo que sabes, si no transforma tu manera de vivir?
  • ¿Cuántas de tus decisiones nacen realmente de tu conciencia… y cuántas de tus creencias inconscientes?
  • ¿Qué hay dentro de ti que aún no has observado con honestidad?
  • ¿Conoces el gran potencial que habita en las profundidades de tu subconsciente?

 


Con afecto 

 

Servir para Trascender

Miguel Vladimir Rodriguez Aguirre


Referencias


viernes, 13 de febrero de 2026

"La raíz de tus deseos: ¿libertad o manipulación?"

 

Decían los antiguos Vedas que los seres humanos somos definidos por nuestros deseos más profundos. Poderosa declaración que no hay que tomar a la ligera, ya que, si hacemos un acto de autoanálisis, veremos que lo que anhelamos, en muchos casos, dirige nuestros pensamientos; los pensamientos moldean nuestras palabras y acciones, y estas, a su vez, nos conducen a la búsqueda del cumplimiento —o la frustración— de ese deseo.

Deepak Chopra lo resume con maestría, por lo que la reflexión de estas breves líneas descansa sobre dos cuestionamientos: ¿Qué es lo que deseas? y ¿Quién está plantando la semilla de esos deseos?

Para responder estas preguntas tenemos que partir de una reflexión personal sincera y cuestionarnos cuáles son nuestros deseos más profundos. Aquellos… ¿qué deseas? Sería provechoso que tomaras lápiz y papel, o los anotaras en algún dispositivo. Una vez hecho esto, pregúntate: ¿por qué deseas lo que deseas?

Hoy en día, nuestros deseos no están constituidos únicamente por nuestras experiencias o aspiraciones internas, sino por el devenir de un flujo constante de estímulos diseñados por otros. La vida en sociedad y los círculos sociales más cercanos a los individuos históricamente han cumplido con esta función: influir en los deseos personales alineados a los esquemas culturales y de valores del grupo social. Sin embargo, la realidad actual, inundada por las redes sociales, medios de comunicación y algoritmos que gobiernan lo que se difunde y lo que no, trabaja en silencio. No solo para mostrarnos el mundo… sino para moldear lo que queremos de él.

Antiguamente, los deseos solían gestarse en la experiencia directa: la convivencia, la observación de la naturaleza, el contacto con la comunidad. Hoy, gran parte de nuestras aspiraciones nacen en una pantalla. Un anuncio perfectamente segmentado, un “influencer” exhibiendo su estilo de vida, una tendencia viral… todo esto va programando nuestra mente para anhelar cosas que quizás nunca hubiéramos considerado.

Y lo más preocupante es que no lo notamos. Creemos que esos deseos son nuestros, pero en realidad fueron sembrados en nuestra mente,

Si seguimos la secuencia védica —deseo → pensamiento → palabra →acción veremos que, al controlar el primer eslabón, se controla todo el resto.
Los algoritmos no necesitan dictarnos qué hacer; basta con sembrar el deseo correcto para que nuestro propio pensamiento y comportamiento lo hagan realidad. Un ejemplo simple: si una red social detecta que empiezas a interesarte por cierto estilo de vida, te bombardea con imágenes y contenidos similares. Poco a poco, tu mente lo asume como algo valioso, normal y deseable.

Es un ciclo silencioso, pero tremendamente efectivo.

Muchos defienden que las redes “solo muestran lo que nos gusta”. Sin embargo, esta afirmación es incompleta. Las plataformas no solo reflejan intereses: los amplifican, los dirigen y, en ocasiones, los crean desde cero. Creemos que elegimos, pero muchas veces solo respondemos a una arquitectura invisible de persuasión. El control del deseo es el control de la narrativa interna de cada persona.

Los Vedas entendieron hace milenios que el deseo es la raíz de nuestra existencia consciente. Hoy, esa raíz sigue siendo la misma, pero el suelo en el que crece está lleno de fertilizantes artificiales diseñados por corporaciones, anunciantes y arquitectos de la atención.

No se trata de satanizar la tecnología, sino de recuperar la autoría de lo que queremos, por lo cual valdía la pena preguntarnos ¿esto que deseo viene de mí o me lo han sembrado?

Porque en el momento en que distinguimos entre deseo genuino y deseo inducido, recuperamos algo más grande que cualquier tendencia: nuestra libertad de pensamiento y decisición.

Es importante señalar que nuestra sociedad se basa en el consumo, un concepto ligado tanto a la necesidad como al deseo. Por lo tanto, si puedes influir en estos dos factores tendrás como resultado la programación de la conducta humana  disfrazada de un ejercicio genuino de  libertad.


Con afecto 

 

Servir para Trascender

Miguel Vladimir Rodriguez Aguirre

"Más información, menos transformación: la gran paradoja ”

El roble duerme en la bellota, el abeto gigante descansa en su pequeña semilla, el ave espera en el huevo y Dios espera su desenvolvimiento ...