Pareciera que escribir sobre desarrollo humano en estos tiempos es casi un cliché. Hay tantas voces hablando de ello, tantas frases motivadoras circulando en redes sociales, que incluso las ideas más valiosas corren el riesgo de perderse como un grano de arena en el más inmenso de los desiertos. Tal vez este sea el gran desafío de nuestra era: no enfrentarnos a un oscurantismo provocado por la falta de conocimiento, sino a uno mucho más sutil y engañoso, originado por el exceso de información, una avalancha de datos cuya finalidad, en demasiados casos, no es servir al ser humano, sino alimentar un sistema de consumo sin fin.
Lo interesante de este fenómeno es que pone en evidencia una distinción crucial: no es lo mismo tener acceso a la información que interiorizarla y convertirla en conocimiento útil. Puedes leer cientos de libros, ver miles de videos y escuchar infinidad de discursos, pero si no te detienes a reflexionar, a cuestionar, a experimentar por ti mismo, ¿realmente has aprendido algo? El acceso a la información es apenas la puerta de entrada; el conocimiento real se construye a través de la experiencia, la práctica y la introspección.
En este mar de contenidos, algunos pocos logran crear un mensaje profundo, capaz de inspirar un cambio verdadero. Pero la gran mayoría de voces solo repiten conceptos, frases hechas y fórmulas vacías. Es como si estuviéramos atrapados en un bucle donde se reproduce la misma información una y otra vez, hasta perder su esencia original.Entonces, ¿cómo podemos distinguir el conocimiento genuino del ruido?
La respuesta no está en consumir más, sino en consumir con conciencia.
El verdadero desarrollo humano no ocurre cuando acumulamos datos en la mente, sino cuando una idea toca nuestro corazón y nos lleva a actuar de forma distinta. No se trata de cuánto sabemos, sino de qué hacemos con lo que sabemos.
Quizá el reto de esta época no es aprender más, sino saber que aprender. Tal vez el camino esté en volver a lo esencial: escuchar en silencio, pensar con calma, cuestionar lo que consumimos y, sobre todo, atrevernos a crear nuestra propia visión del mundo, en lugar de copiar la de los demás.
Y tú, ¿crees que en medio de tanta información aún somos capaces de escuchar nuestra propia voz?
Con afecto
Servir para Trascender
Miguel Vladimir Rodriguez Aguirre
Así es, estamos saturados de información que apenas alcanza nuestra mente a discernirla, almacenarla o desecharla, me ha tocada una época de grandes transformaciones ir a la par de cambios tecnológicos y del uso de las tic’spero llegó un punto en que me sature y empecé a desechar apenas estoy retomando con conciencia algunas de las cosas aprendid, espero me alcance la vida para hacer algo con ellas, saludos
ResponderEliminarEs cuando te hace sentido aquella vieja frase que dice "menos es mas". Muchas gracias por tu comentario. Saludos cordiales.
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